La semana pasada estuve viendo una película española, 25 Kilates, de Patxi Amezcua, ganadora de varios premios, Festival de Málaga (mejor película, mejor actor, mejor actriz), IX Festival de Opera Prima de Tudela (premio especial del jurado), CINEVANGUARDIA Alcoy 2009 (mejor director y mejor película), 22 Semana de Cine de Medina del Campo (mejor largometraje). La crítica ha sido unánime, coincidiendo en elogiar este thriiler, con un guión perfecto, un ritmo vertiginoso y trepidante, así como un reparto excelente. Incluso Carlos Boyero la ha elogiado diciendo de ella qué constituye “una sólida ópera prima que aborda con estilo y credibilidad un género escasamente frecuentado en este país“.
Para quien quiera más información sobre la película: http://www.25kilates.es/
Pues bien, a pesar de todo ello, tras un mes escaso desde su estreno (el pasado día 24 de abril), en Madrid únicamente se exhibe en una sala especializada en versión original, el cine Golem. Y éste es precisamente el motivo de esta entrada, la distribución y exhibición del cine español, ante el silencio y la pasividad de casi todas las partes interesadas.
Se ha convertido en habitual que las películas españolas se exhiban durante muy poco tiempo, en poquísimas salas comerciales, y limitándose en muchos casos a dos únicos pases y no diarios; es frecuente encontrarse con que sólo se proyectan en horas de madrugada. Esta situación de dificultad para ver cine español ya la he sufrido varias veces personalmnte, las últimas con Los girasoles ciegos y Camino; la primera de ellas, tras varios infructuosos intentos logramos verla en el cine Renoir, en una sala minúscula con una pantalla algo más grande que la del televisor de casa. La segunda, en un cine comercial, eso sí a las doce de la noche y donde sólo se proyectaba los días laborables.
Y lo más curioso y sorprendente es que no he oído ninguna voz del mundo del cine español denunciar esta situación. Si les oigo repetidamente acusar a gobiernos e instituciones de que no se ayuda a la industria económicamente, reclamar más y mayores subvenciones; también escucho que dicen que somos los espectadores los que no nos interesamos por el cine español. Recientemente, el presidente de la FAPAE, Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales Españoles, Pedro Pérez, ha dicho que se hacen demasiadas películas en España y que no caben en las salas las 173 producidas el año pasado. Y aquí empiezan a aparecer los misterios, resulta que no hay salas de proyección suficientes, pero será para las películas españolas, porque en cuanto a las producciones norteamericanas si parecen estar disponibles cuantas salas sean necesarias; en muchos complejos de cine se proyectan incluso en dos o tres de ellas, llegando a las más de una docena algunos días. Para que entendais lo que intento decir, seguidamente os pondré un ejemplo con la programación de dos de las multisalas de Madrid.
Pues esto es lo que hay, en el CINESA Las Rozas, de 30 películas, sólo una, Cosas insignificantes, es una coproducción España-México, y por cierto ún pase diario. En el Kinépolis, tres cuartos de lo mismo, de 19, una española, Al final del camino, e igualmente un sólo pase diario. Va a llevar razón Pedro Pérez, no hay sitio para películas españolas en las salas, están tomadas por el norteamericano. Que cada uno saque sus conclusiones.
Esto enlaza con la afirmación de que el público no ve cine español, ¿donde va a verlo? Y en cuanto a los gustos de los espectadores, basta con darse una vuelta por los citados cines en versión original, único reducto de nuestro cine, para ver las colas por asistir a las proyecciones.
Y por último el tema de las subvenciones, esas si que las piden nuestros cineastas y se quejan de no tener suficientes ayudas. Otro misterio más, la realidad es que el sistema de ayudas oficiales a la industria del cine, agrupa las del Gobierno Central, las de los Gobiernos autónomos, la impuesta por ley de la televisión pública estatal, de las autonómicas y de las privadas. Solamente el Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), dependiente del Ministerio de Cultura, concedió en el 2008 ayudas por importe de 67.794.378 €, a las que añadiendo las otras subvenciones citadas nos da un total de 85 millones de euros aproximadamente. No quisera pensar que a la industria cinematográfica española lo que menos le interese sea la distribución y proyección de las películas, sino las subvenciones sin más. Me recuerda aquella historia del cultivo del lino ¿os acordaís?. Seguro que no es asi, que mi problema es que soy muy mal pensado.
Pues a pesar de todo esto, a mi personalmente me gusta el cine español, aunque tenga que vivir verdaderas aventuras kafkianas para verlo en salas de proyección, y en días y horas no muy apropiadas. Pero claro, si no hay casi posibilidad de encontrar donde hacerlo, o se requiere un duro esfuerzo, pasa lo que pasa, que la gente se queda sin saber nada sobre él.


























Con la próxima entrada, sobre las causas, la expulsión de los moriscos, y las consecuencias de orden económico y social que supusó para la época, finalizará la serie.





















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