Lo peor que le puede pasar a un pueblo para enfrentarse al presente y trabajar para el futuro es olvidarse de su propio pasado. Y eso es lo qué, desgraciadamente, parece que nos está pasando con el asunto de la emigración; apenas hace algo más de treinta años España dejo de ser un país del que salían las gentes desfavorecidas buscando mejorar sus condiciones y ahora se han dado la vuelta los papeles y somos un país receptor de personas. Por ello creo que es importante recordar que nosotros también fuimos emigrantes; así, quienes salieron a buscarse la vida en aquellos duros momentos recordarán las circunstancias en las que lo hicieron, cómo les trataron y como se sintieron, las penalidades que tuvieron que padecer, el desarraigo… Y los que no vivieron esta situación directamente y no tienen ningún familiar que les haya podido contar las penalidades pasadas, algo bastante difícil dado el gran numero de personas que salieron, que sepan y conozcan lo que fue la realidad española durante muchos años. Tal vez así, aprendamos todos a valorar y a ver con otros ojos a los inmigrantes que hoy llegan a España, que antes de emigrantes son “personas”.


Siglo XIX:
La mayor parte de los españoles emigraban a América, siendo los principales países receptores Argentina, México, Brasil y Cuba. El período principal va desde 1846 hasta 1932, y es una emigración a países nuevos, en los que todo está por hacer y las oportunidades son muy grandes. Coincidiendo en el tiempo se va a dar un flujo migratorio temporal, de carácter anual, y que se conoce como emigración golondrina a Francia, donde se iba para las campañas agrícolas. También en esa época hay una cierta emigración a África (Marruecos, Argelia, Guinea y el Sahara).
Siglo XX:
Durante la Segunda República se inicia la emigración interior, primero a las ciudades y luego a las regiones indstrializadas (Madrid, Cataluña, País Vasco, Astrias), y al termino de la Guerra Civil con el triunfo fascista y la dictadura, salen de España cientos de miles de personas al exilio, a todos los países de Europa y América.
Cuando se permite la emigración de una España pobre y atrasada, la marcha a Europa se hace masiva, sobre todo a Francia, Suiza y Alemania. El exceso de la fuerza de trabajo en España es el que falta el Europa. Los contingentes españoles en Europa son masivos, tanto los legales como los ilegales. A diferencia de épocas anteriores, la emigración americana es muy escasa, ya que estos países exigen inmigrantes cualificados. Los trabajadores que emigran a Europa son, en general, campesinos sin tierra con escasa cualificación. Este es el tipo de mano de obra que demanda el continente.
Según las cifras oficiales del Instituto Español de Emigración (IEE), entre 1959 y 1973 emigraron al continente europeo un millón de personas (1.066.440). Los datos oficiales no recogen el fenómeno completo de la emigración. Muchos emigrantes salieron de España clandestinamente, bien utilizando os contactos en el extranjero de familiares y paisanos o, en el peor de los casos, captados por redes de emigración ilegales, que les proporcionaban el transporte y les ofrecían trabajo, en mchas ocasiones engañoso. (Esto nos suena hoy a todos nosotros ¿no?). El siguiente gráfico nos da una visión estadística del asunto.

Fuente: El fenómeno de la irregularidad en la emigración española de los
años sesenta, J.Babiano y A.Fernández Asperilla.
Y ya para terminar quisiera señalar unos breves apuntes sobre este fenómeno de los “sin papeles” españoles en algunos de los países europeos. En Francia, por ejemplo, la existencia previa de una importante colonia de emigrantes, engrosada a raíz del exilio de a Guerra Civil, facilitó la emigración en cadena en la década de los sesenta. A la vez, se desplazaban por pueblos de Andalucía reclutadores de temporeros que convencían a los campesinos de las “ventajas” de trabajar sin contrato. En Inglatrra igualmente, uno de los rasgos característicos de la emigración española era su clandestinidad, actuando agencias de colocación al margen del IEE que facilitaban permisos de trabajo y colocación a cambio de dinero (hasta 35 libras de entonces).
Espero que este texto haya servido al menos para no olvidar, y dar a conocer una realidad española reciente que hoy parece que hemos olvidado
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