Hoy se vota en el Parlamento Europeo la Directiva de retorno de los emigrantes sin papeles. No voy a entrar ahora en la división generada en la propia Eurocámara, ni én las críticas de organizaciones humanitarias no gubernamentales y juristas por las violaciones de varios convenios sobre derechos humanos. Estos asuntos, y otros de análisis personal y diferentes valoraciones, serán objeto de otro post proximamente.
Sencillamente quiero contar una historia, y si a alguien le interesa, que se informe y saque sus propias conclusiones, y por lo menos tome conciencia de lo que está pasando.
Había un reino en la vieja Europa donde en diferentes momentos, se produjo la llegada de gentes extrañas a los habitantes de siempre; se quedaron a vivir en ese territorio que no era el suyo de origen, tuvieron descendencia, hijas e hijos nacidos en el nuevo reino; empezaron a trabajar en las labores más duras y peor pagadas que los habitantes autóctonos consideraban inferiores, faenas del campo, construcción, etc.; algunos de ellos no figuraban en los censos correspondientes, pero al percatarse los señores y nobles que de esta manera no contribuían a las cargas del reino, iniciaron diferentes regularizaciones, ya podían ser sujetos de recaudación. Llegó un momento en que muchas de las zonas, el Levante por ejemplo, dependían de ellos para la casi tortalidad de labores agrícolas, y en casos de bonanza excesiva hasta tenían que pedir nuevos brazos de esas gentes tan extrañas y diferentes a ellos.
Por supuesto, en esa sociedad plena de valores éticos y morales, donde la pureza de sangre era algo imprescindible, si bien se les aceptaba como fuerza de trabajo, otra cosa era convivir en armonía así qué, se les apartó en lugares especiales. Para colmo, se dabán además dos circunstancias verdaderamente alarmantes para las “buenas gentes” originarias del lugar: por un lado, estos “extranjeros” aunque decían con “la boca pequeña” que estabán dispuestos a integrarse, en la realidad no renunciabán a sus costumbres tradicionales, a su religión, a su cultura… ¡habráse visto que descaro!; por otra parte, se comenzaron a levantar bulos acerca de que eran algo delincuentes, y lo peor, que estarían dispuestos a permitir la llegada de terroristas del Oriente mediterráneo.
Y ésta es la historia que cuento, ¿os suena de algo?, imagino que a muchos si. Por cierto, ya os habeís dado cuenta de que no es la España actual, es algo ocurrido va a hacer 4 siglos, concretamente el día 9 de abril de 1609, y la Historia lo cuenta como “La expulsión de los moriscos”, ¿curioso eh? han pasado 400 años y parece que todo sigue igual (intolerancia, utilización de los pobres, valores pseudomorales…). El rey era Felipe III y “los terroristas” a los que iban a facilitar la entrada en el país eran los turcos.
Las consecuencias de aquello fue que la economía se resintió, se perdió población, disminuyó la agricultura, parte de la burguesía se arruinó por la pérdida de mano de obra, los bancos quebraron en 1613, llevando a la ruina a los que dedicaban al comercio y las finanzas. Incluso la Inquisición pasó dificultades al dejar de cobrar la gran cantidad de censos que pagaban los moriscos.
Desgraciadamente, éste es el panorama que parece tendremos en un futuro cada vez más próximo, salvo que impere el sentido común, la lógica, y ´por supuesto, sería bueno que se plantearán que estamos hablando de “personas”, con sus derechos y sus propios valores.











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