
En la prensa de hoy se plantea de nuevo el problema de la falta de agua y las posibles soluciones. Como ya es habitual todo el asunto se ciñe a un aspecto de enfrentamiento político, el PP quiere trasvases y el PSOE no está por la labor, defendiendo la opción de las plantas de desalinización; y el hecho es qué, mientras continúa la discusión política, los embalses se vacían y los problemas de suministro de agua son cada vez mayores.
La realidad es que efectivamente hay una crítica situación de escasez que es necesario solucionar, ahora bien, en mi opinión, hay que considerar una serie de factores que inciden y agravan este hecho y que habrá que reconsiderar:
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Pérdida de agua en las redes de suministro: se produce un porcentaje importante de pérdida por las deficiencias y falta de controles en las redes de suministro. Ya en el año 2004 se perdieron cerca de 881 hectómetros cúbicos, un 17,9% de la distribución, como consecuencia de fugas y roturas en tuberías y canales, según la Encuesta del Agua 2004 que publicó el Instituto Nacional de Estadística (INE). En el 2007 las pérdidas llegaron al 30%, según informe de la Asociación Española de Abastecimientos y Saneamientos, que agrupa a los gestores de las redes de abastecimiento de 30 millones de usuarios españoles.
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Falta de control del uso “no esencial” del agua: las Comunidades Autónomas no tienen una política homogénea acerca del control del uso del agua, y así, en algunas de ellas no hay ninguna medida contra el llenado de piscinas y el riego de jardines y campos de golf. Un claro ejemplo es Valencia, gobernado por el PP y donde, tanto el partido como el propio Consell que preside Francisco Camps, se han embarcado en una cruzada contra el Gobierno del PSOE, desde que se derogó el proyecto del trasvase del Ebro, y no han tomado ninguna medida restrictiva de los derroches de agua, alegando la defensa del turismo y de los intereses inmobiliarios.
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Desarrollo urbanístico desmedido: asistimos a una urbanización salvaje en zonas que no cuentan con agua suficiente para su aprovisionamiento. Se edifican miles de viviendas sin tener previamente garantizado el suministro de agua, por lo qué hay que usar las escasas reservas que tuvieran pequeños municipios no preparados para ese aumento del consumo. En este sentido, la urbanización salvaje de la franja costera, con piscinas y faraónicos campos de golf, son una verdadera amenaza para las reservas de agua. Debería ser obligatorio en estos casos que los promotores se ocuparan de gestionar el agua a sus expensas con plantas desalinizadoras.
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Necesidad de cambios técnicos en la agricultura y la industria: la agricultura es el sector económico que más agua utiliza, siendo por ello el en el que más se puede ahorrar o desperdiciar, dependiendo de los métodos de riego que se utilicen, por lo qué habría que ir sustituyendo el masivo riego por manto o inundación (gran parte del agua de evapora y no se aprovecha) por riego nocturno por aspersión o gota a gota. También la industria puede ahorrar grandes cantidades de agua siempre que se asegure de que no hay pérdidas en las canalizaciones, y usando las tecnologías que menos agua necesita.
Para concluir, sería necesario también un cambio en los usos del consumo privado del agua, entendiendo que no es un bien ilimitado y que depende de nuestro comportamiento el que tengamos, al menos, la necesaria. Todo ello, por supuesto, cuando desde las instituciones estatales y autonómicas se tomen las medidas necesarias para el control y ahorro en todos los ámbitos.![]()
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