Hace ya casi 20 años que Saramago pubico su polémico y discutido libro “El evangelio según Jesucristo”, que fue enormemente protestado, llegando a ser vetado por el gobierno portugués para competir por el Premio Europeo de Literaratura, alegando que “ofende a loas católicos”, a pesar de que Portugal se considera como una república laica. La reacción de José Saramago fue abandonar Portugal, instalándose en Lanzarote, donde mantiene su domicilio habitual desde entonces.
En esta nueva obra, “Caín”, el premio Nobel vuelve a ocuparse de la religión y comienza redimiendo al protagonista del asesinato de Abel, señalando al mismo Dios como “el autor intelectual al despreciar el sacrificio que Caín le había ofrecido”. Si en la anterior obra dio una vivsión del Nuevo Testamento, ahora nos lleva a un recorrido por el Antiguo Testamento, realmente una reinvención del mismo que en un itinerario heterodoxo con un tono irónico, mordaz y humorístico, va desarrollándose en viajes a través del tiempo y del espacio, de la mano de Caín, y nos hace plantearnos toto tipo de preguntas sobre los hechos principales del libro sagrado. En definitiva se refleja una guerra secular entre el creador y su criatura (la humanidad como tercer personaje principal de la obra), donde queda patente un dios cruel y que no es de fiar. Como ejemplo de esto último, citaré un párrafo de la obra, relativo al sacrificio de su propio hijo, Isaac, que ofrece Abraham:
“… imaginemos un diálogo entre el frustrado verdugo y la víctima salvada in extremis. Preguntó Isaac, Padre, qué mal te he hecho para que quisieras matarme, a mi que soy tu único hijo. Mal no me has hecho, isaac, Entoneces por qué quisiste cortarme el cuello como si fuese un borrego, preguntó el chiquillo, si no hubiera aparceido ese hombre (caín), a quien el señor cubra de bendiciones, para sujetarte el brazo, estarías ahora llevando un cadaver a casa. La idea fue del señor, que quería la prueba. La prueba de qué, De mi fe, de mi obediencia, Y que señor es ese que ordena a un padre que mate a su propio hijo, Es el señor que tenemos, el señor de nuestros antepasados, el señor que estaba aquí cuando nacimos, Y si ese señor tuviera un hijo, también lo mandaría matar, preguntó isaac, El futuro lo dirá, Entonces el señor es capaz de todo, de lo bueno. de lo malo y de lo peor, Así es, Si tu hubieras desobedecido la orden, qué habría sucedido, Lo que el señor suele hacer es mandar la ruina o una enfermedad a quien le falla, Entonces el señor es rencoroso, Creo que si, respondió abraham en voz baja como si temiese ser oído…”
(pags. 91-92)
Como se puede apreciar no hace una lectura literal de la Biblia, sino una lectura simbólica, a la que Saramago pidió expresamente a sus lectores que no busquen dobles lecturas donde no las hay. Mi conclusión personal es que estamos ante una obra, dentro de la mejor literaura, que debe ser leída por todos los que les interese el tema.



















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